MIS RELATOS

En esta página incluyo algunos relatos que he ido escribiendo y publicando en el blog y en las redes por entregas.

AL ALBA   España, Febrero 2022

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AL ALBA                                                                                                    

Capítulo 1

Cuando Eva salió de casa no sabía que ese iba a ser un día diferente. Tampoco pensaba que acabaría gritándole a un extraño en la calle. No; ese día se levantó como tantos otros, arrastrando penosamente la soledad sobre su ser. Entraba a trabajar a las siete y cuarto, y ya llegaba tarde. La desgana de vivir hacía que se moviera lentamente, como si su cuerpo estuviera formado de metal líquido. La cama había quedado vacía y deshecha, aún con la forma de su cuerpo impresa en el colchón. La luz del baño había quedado encendida por despiste. También se había olvidado de apagar la calefacción. Su mente se apresuraba de una cosa a otra, sin reparar en nada, tenaz en seguir con la vida a toda costa, para agotarla cuanto antes.


 

Una vez en la calle, se dio cuenta de que se había olvidado de bajar el paraguas. “Da igual, está aquí al lado”. Llovía a raudales pero Eva no sentía la lluvia en su piel, porque hasta la lluvia se filtraba a través de ella sin hacer mella. La vida se le escapaba a Eva sin que ella lo supiera. No era capaz de ver a la poca gente que andaba por la calle, ni oía el sonido de las rejas abriéndose al abrir las cafeterías. La ciudad era un personaje ajeno a ella, lejano, hostil.

 

Tras unos minutos andando, ya calada hasta los huesos, Eva dio la vuelta a la esquina. Andando de prisa como iba, y mirando al suelo, se tropezó con un pequeño perro que hacía sus necesidades. Su dueña, llevaba la correa y el paraguas en una mano, mirando su móvil con la otra mano, mientras escuchaba música a través de unos auriculares enormes. Eva tropezó primero con el perro, rebotó contra una pared, para después tropezarse con una silla ligera de metal de la terraza de una cafetería. Cayó de bruces sobre la acera, lastimándose las palmas de las manos al frenar la caída. Su bolso había hecho un recorrido de 180 grados sobre su cabeza y acabó dándole de lleno en la cara. La hebilla del bolso le dió en el ojo derecho y sintió un repentino escozor. Terminó de rodillas sobre las baldosas mojadas de la acera.

 

La dueña del perro ni se percató de lo sucedido y ya estaba dando la vuelta a la esquina, su perro mirando hacia atrás, el único testigo de todo el embrollo. La lluvia era ahora tan fuerte, que apenas se veís a través de ella, y el estruendo de los truenos habían sofocado el ruido de la caída. Nadie acudió a socorrerla. Los trabajadores de la cafetería trajinaban absortos, poniendo a punto las mesas interiores para la llegada de los primeros clientes. Nadie presenció sus lamentos, ni la vio llorar desconsoladamente. Nadie reparó en que sus llaves y su móvil habían caído unos metros más adelante y se precipitaban apresuradamente calle abajo, arrastrados por el agua acumulada contra el bordillo de la acera. Solo el perro, desde lejos, pudo ver el móvil de Eva, como un barquito de papel, navegando hacia la alcantarilla, con las llaves posadas encima de este, como un marinero a la deriva (hay que tener mala suerte).

 

Eran las siete y trece de la mañana de uno de los días más largos de su vida…

Capítulo 2

Eva pasó unos dos minutos arrodillada sobre la acera, totalmente empapada. Pronto recordó que llegaría tarde al trabajo si no se daba prisa- era la encargada de abrir la oficina, en la ausencia de su jefa, que estaba de vacaciones y le había encomendado a ella las llaves de la puerta de entrada. Si llegaba tarde, las chicas tenían que esperar fuera hasta que les abriera y luego la tomaban con ella.

Se limpió las lágrimas, ahora mezcladas con la lluvia, y se levantó. Tenía un roto en la rodilla de los vaqueros, ahora ligeramente manchados. Un hilillo de sangre había traspasado la tela del pantalón que, para más inri, era blanca. Llevaba el pelo pegado a la cara, de tan mojada que iba. Un trabajador de la cafetería salió a la zona de terraza y la miró por unos momentos, luego siguió trabajando ausente, como si no la hubiera visto.

Eva empezó a andar de nuevo hacia su destino, empeñada en no llegar tarde, sabiendo que lo haría. Estaba helada y caminaba con las manos en los bolsillos de la cazadora, mirando de nuevo al suelo. Eva no aprendía de sus errores. El ojo derecho se le había hinchado y no se dio cuenta de que la gente la miraba con preocupación al cruzarse con ella. Solo notaba la desagradable sensación de sus pies mojados dentro de los zapatos.

Al llegar a la calle de su lugar de trabajo, ya eran las siete y veinte. Solo había llegado cinco minutos tarde, pero todas las chicas estaban esperándola en el portal, apelotonadas con cara de pocos amigos. Antes de que la vieran, desde lejos observó al grupo mientras buscaba las llaves de la oficina en su bolso, pero no las encontró.

De repente sintió como si una piedra le golpeara en el estómago. Después, un escalofrío de terror recorrió todo su cuerpo. LAS LLAVES.

Se retiró a un lado, donde había un banco, fuera de la vista de las compañeras, para vaciar el bolso. Lo vació sobre el banco y buscó entre todas las cosas.

Seguía lloviendo bastante y todas sus cosas se estaban empapando. Eva parecía una loca, estaba totalmente empapada y tocaba cada objeto de su bolso mientras repetía una y otra vez “no puede ser, no puede ser..” y luego volvía a buscar, como si las llaves fueran a aparecer por arte de magia.

La piedra de su estómago subió repentinamente a su garganta para volver a bajar de sopetón, más pesada que antes. EL MÓVIL.

Una chica se había parado y la miraba preocupada desde la otra acera. Al cabo de un rato, cruzó la calle y se agachó junto a ella:

-Perdona… ¿estás bien?

Eva no respondió, ni siquiera había reparado en la chica. Quería mirar en todos los bolsillos del interior del bolso; tenía tres, todos vacíos.

La chica insistió: -¿Tienes algún problema? ¿te puedo ayudar?

Eva la miró fijamente, la chica había puesto su paraguas sobre ella para que no se mojara, pero de esto Eva tampoco se había dado cuenta.

-¿Que si me puedes ayudar? Pues mira, no sé. ¡He perdido las llaves y el móvil y ya llego a tarde al curro y me van a despedir¡ y gritó furiosamente ¡No! ¡no me puedes ayudar!

La chica dio unos pasos atrás sorprendida, Eva había puesto todo de vuelta en el bolso y se había levantado.

-¡Nadie me puede ayudar! ¿entiendes? ¡Soy un caso perdido!

Y salió escopetada hacia la dirección contraria a la oficina. La chica se quedó unos instantes de pie, al lado del banco, siguiéndola con la mirada de forma pensativa. Después, decidida, corrió para alcanzarla, se puso a su lado y la cubrió con el paraguas.

-Mira, si has perdido las llaves, puedes venir a mi casa, secarte y hacemos un plan. Todo tiene solución, mujer, yo te ayudo. Vivo aquí al lado, no es ninguna molestia.

Eva la miró desconcertada y luego se echó a llorar. Sentía una especie de alivio y tristeza al mismo tiempo. Pensó fugazmente que ella no se habría parado a ayudar a nadie.

-¿De verdad no te importa? - musitó Eva -no quiero ser molestia, es que estoy teniendo una mañana muy mala. Me caí y perdí las llaves y el móvil, y me hice esto mira - le mostró su rodilla y las palmas de las manos ensangrentadas.

-Ya, ya me he fijado - respondió la chica - y tienes este ojo un poco hinchado… ven, mi piso está aquí al lado, entrarás en calor.

La rodeó con un brazo por los hombros y empezaron a caminar a paso rápido.

-Me llamo Alba, por cierto. Todos tenemos días malos….- Dijo sonriendo.

-Yo me llamo Eva, lo siento si te he gritado antes, estaba muy nerviosa.

El piso de Alba era un lugar amplio, diáfano y agradable. En las paredes había estanterías blancas repletas de libros y vinilos. Por las ventanas se filtraba la luz de la mañana de forma suave.

Alba le dio unas toallas. Eva se desnudó y Alba le ofreció un chándal gris de una tela gruesa y suave y unos calcetines de lana gorditos. Cuando Eva se lo había puesto todo, la sentó en un sofá del salón y le ayudó a secarse el pelo. A Eva le recordó a la escena de la película “Elisa y Marcela” donde Elisa le seca el pelo a Marcela antes de ir a clase, y un escalofrío cálido recorrió su cuerpo.

Cuando estaba más o menos seca, Eva miró a Alba y sonrió por primera vez. Aquella chica le hacía sentir paz y serenidad. Ahora se sentía a gusto, calentita y un poco más tranquila.

-¿Las llaves que has perdido eran las de tu casa? - le preguntó Alba.

-Sí, las de casa y las del trabajo - respondió Eva- es que trabajo en una oficina y la jefa, que es una pija, se ha ido de vacaciones y me toca a mí abrir el portal. Soy la única que tiene llaves, las compañeras estarán furiosas conmigo…Y encima no las puedo llamar, todos los números estaban en mi móvil y no me los sé de memoria..-

Alba se puso de pie y le hizo un gesto de que la siguiera. La llevó a un dormitorio, que no era el suyo, ya que estaba prácticamente vacío, a parte de una cama y un armario empotrado.

-Yo tengo que salir un rato a encargarme de unos recados - dijo Alba, mirando su reloj - por qué no descansas un poco y cuando vuelva puedo ayudarte a buscar tus cosas. A lo mejor ya habrá dejado de llover para cuando vuelva.

-Pero no me conoces de nada, ¿confías en mí?

-Sí mujer - respondió Alba sonriendo - no tardaré mucho, ponte cómoda y relájate un rato. Ya solucionaremos lo demás.

Eva no salía de su asombro con esta chica. Estaba acostumbrada a que la gente le fuera hostil, porque a menudo ella misma era bastante borde con los demás. Por otra parte, siempre tenía un monólogo interior en el que repetía: “La gente es lo peor” “todo el mundo es basura” “no le importo a nadie” “la gente es una interesada” y cosas por el estilo.

Haber conocido a una extraña que, no solo había sido amable con ella, sino que se había esforzado por ayudarla aunque Eva le hubiera gritado de forma grosera, era algo inesperado.

Como Eva no tenía sueño y estaba demasiado ansiosa para descansar, se dio una vuelta por el piso de Alba. Intentó curiosear sin tocar nada. No entró en su dormitorio ni abrió ningún cajón. Se limitó a pasearse por el salón, mirando los libros y los discos de Alba, preguntándose qué profesión tendría.

De repente, otra piedra le bajó al estómago y se le puso la carne de gallina: En una estantería había una foto enmarcada. En ella parecían Alba y un chico, abrazados felizmente.

El chico era Mario, el ex reciente de Eva…

(...CONTINUARÁ)

#alalbarelato

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